30 noviembre, 2011

Y es verdad que una mirada distinta o algún gesto más frío, se clava.


Únicamente hay que sentir qué es llegar a lo más alto para darse cuenta de que los más mínimos detalles no sólo cuentan, sino que son imprescindibles.
Porque el día que le miras y no recibes esa sonrisa de “buenos días”, ya empieza mal. Porque esa tarde que llega y no te habla de los problemas que tantas veces has deseado que callara, sabes que algo falla. Y quizá simplemente sea un desliz pero cuando has llegado a tenerlo todo, no hay manera de aceptar una rebaja de confianza, de complicidad. No te conformas con lo de siempre, ni con menos. Es ley de vida.